¿Qué ha sido lo más difícil de mi puerperio?

Empiezo a escribir esto a las 6.20 pm justo la hora en la que los primeros días después de mi parto me daba “la borrachera” como la llamaba yo. No tenía ni idea en ese momento que esto hacía parte de los cambios hormonales y que era completamente normal.  Realmente no sé cuánto, si eran minutos, segundos u horas, que me duraba esa montaña rusa de hormonas, pero sentía que me volvía loca de tanto pensar.  Sobre todo, pensaba en el bienestar de mi hija, pensaba lo peor de todo, ¿la estoy alimentando bien? ¿está agarrando bien la teta? ¿le sale suficiente? ¿está subiendo de peso? ¿tiene frío? ¿tiene calor? ¿le duele la panza? ¿tiene cólicos? ¿siente mi presencia? ¿sabe que la estoy protegiendo? ¿si me levanto al baño va a sentir que la estoy abandonando? Era un sinfín de preguntas que me atormentaban día a día a la misma hora. Nunca le dije nada a nadie, viví mi angustia en secreto porque me daba miedo que me dijeran que tenía que ir al médico y que me dijeran que me tenían que hospitalizar y estar lejos de mi hija, no poder amantarla, tener que darle fórmula, volver a la casa y que ella ya no quisiera mi teta. Así viví no sé cuántos días de mi postparto. Las cosas fueron estabilizándose gracias a mi doula que me visitaba frecuentemente y me daba seguridad y confianza. Mi pequeña fue creciendo y el reto emocional también. Empecé a tener estallidos emocionales con mi esposo, a gritarlo, a tratarlo mal, incluso a herirme a mí misma.  Me dolía muchísimo no poder estar en control de todo, sobre todo, me estresaba mucho que mi hija no durmiera bien, que no descansara bien. Con el tiempo ella iba durmiendo menos y a pesar de que yo entendía que era totalmente normal, igual me generaba muchísimo estrés. Estallaba emocionalmente mucho más frecuentemente, más peleas con mi esposo por bobadas. Hacía tiempo que yo sabía que el puerperio duraba dos años, pero es completamente cierto que nos cuesta muchísimo aceptar que estamos mal, que necesitamos apoyo, que queremos estallar, que queremos gritar, llorar, lamentarnos y no sé qué más. Todo el mundo pregunta por el bebé, pero nadie realmente te pregunta cómo te sientes, si necesitas estallar, llorar, quejarte. Realmente no hay nadie preparado para escuchar a una puérpera de manera atenta sin juzgar y sin querer aconsejar todo el tiempo. A veces sólo queremos llorar y ya.

Hace dos o tres meses soñé que le decía a alguien llorando en tono de reclamo que por qué nadie me había dicho lo que era ser mamá. En mi sueño le gritaba llorando a esa persona “¿por qué nadie me dijo que sería así de difícil? ¿por qué nadie me explicó que esto sería así?” Lloré muchísimo en mi sueño, tenía rabia. Sin embargo, el hecho de tener varias amigas en puerperio y estar pendiente de ellas me ha ayudado mucho a sanar. Comprendo que es natural que no se quieran visibilizar los retos de la maternidad y que no sea fácil hablar de ello ya que hay mucho tabú. “Que no puede estar triste, no puede llorar porque el bebé esto, el bebé lo otro, tiene que estar bien, tiene que ser fuerte, que no es para tanto, que a mí me tocó peor que a usted, que por lo menos usted esto o lo otro, que por lo menos está con su esposo, que agradezca que esto y lo otro”. Detrás de todo eso el mensaje es “tienes que estar feliz, punto”.

Si a esto le sumamos que culturalmente es casi ridículo pensar en que dos años dura el puerperio y que a una mujer puérpera se le debe tratar con mucho amor y paciencia, el peso es aún mayor. Somos duras con las demás mujeres y somos duras con nosotras mismas y queremos tener todo bajo control. De hecho, respondiendo la pregunta de qué ha sido lo más difícil de mi puerperio, yo podría decir que ha sido soltar el control. Es algo que practico todos los días y aún así me da duro todos los días. Entender que mi pequeña es un ser en transformación constante, que YO soy un ser en transformación constante no ha sido nada fácil para mí. Establecer ciertas rutinas y concientizarme de que se pueden modificar y ser flexibles ha sido mi arma más poderosa para aceptar el cambio. Adicionalmente, el poder hablar con mi esposo y su infinita paciencia han sido fundamentales. Agachar la cabeza y aceptar que no me las sé todas, que se puede maternar de muchas maneras, que él puede paternar a su manera y que no tengo por qué controlar todo, ha sido de gran ayuda. Gestionando mis propias emociones, nombrando lo que me molesta, verbalizando lo que me estresa ha sido muy liberador. Los estallidos emocionales son cada vez menos frecuentes, he empezado a hacer ejercicio y a recuperar la seguridad en mi cuerpo de nuevo. Ser flexible con los demás ha pasado obligatoriamente por ser flexible conmigo misma y abrazar con amor las circunstancias como vengan.

Sí, la maternidad es un desafío, el puerperio es durísimo, el postparto es un reto, pero la manera como me he transformado, lo que he aprendido de mí misma, como he visto mi sombra a los ojos, es algo que no tiene precio y que jamás habría podido ni ver ni hacer sino gracias a mi hija.

Hoy abro mi corazón y muestro mi parte más vulnerable con un solo propósito y es visibilizar el puerperio, hacerlo algo natural y algo de lo que podemos hablar. Si conoces a una mujer puérpera, es decir, una mujer con un bebé entre 0 y 2 años, escúchala, abrázala, dile que lo está haciendo bien, pregúntale en qué le puedes ayudar y tenle paciencia, ¡mucha paciencia!

Si bien mi hermosa ya tiene año y medio y disfruto mucho mi maternidad, aún soy puérpera, fluyo con esa idea y me acepto.

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